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lunes

Madurar


Me extraña verte así. Me sorprende, e incluso me parece bueno. Te conocí de otra manera, eras tan tonta entonces, pero ahora dices que haz cambiado. Bueno, no lo sé. Ya hace mucho que te fuiste, y prometiste volver, pero creo que es mejor que te quedaras allá.

Ahora me hablas de madurar, de cambiar. Parece que haz llegado muy tarde a esa etapa. Yo hace tiempo que ya pasé por eso. Y no, no tomes esto como un ataque, porque no lo es. Creo que mejor sería llamarlo, una pataleta del niño que ya fui. Es inevitable hablar del pasado, porque, de alguna manera, nuestra historia siempre nos perseguirá, y lo sabes.

Dices que el amor verdadero es el que viene con el tiempo, en eso tienes razón. Yo ya lo encontré, y espero, de verdad espero, que tú lo hayas encontrado, en dónde sea que estés. Madurar es fácil, solo pon de tu parte y verás que podrás. Y sí, el amor es hermoso cuando lo encuentras.

domingo

Cuento nocturno (II) - Me iré


Y así es como ella terminó por irse. Regresé a casa y vi su foto. Lloré sobre ella. Tiré el cuadro y volví a llorar. Ahora, tras todo este tiempo, ella está más ausente que nunca. Entonces, al ver esa cama vacía, sé que todo acabo. Al ver que esas sábanas ya no cubrirán más tu cuerpo, empiezo a recordar. A mi mente vienen esos momentos que nunca me dijiste, y que yo, muy tonto e imaginativo, tuve que intuir.

La ciudad te dio la espalda mucho tiempo, pero tú no te rendiste. Por primera vez en tu vida querías algo, un lugar. La vista no era hermosa, y la zona estaba llena de rateros y prostitutas gordas, pero es lo único que tenías. Llegaste a acostumbrarte.

Toma, esto es para ti, pensé que te gustaría. Era de madera gastada, sin barnizar, y parecía sacada de un basurero, pero venía con tu foto, y solo por eso lo recibí. Estabas mirando hacia el lago, y tu cabello rubio no se distinguía por el blanco y negro de la imagen. Me lo tomó un estudiante, dice que le parecía linda. Y no solo eras hermosa, eras mucho más, eras especial.

No llevaste ninguna foto de tus padres. No querías recordarlos, y eso le extrañaba a Amanda, tu compañera de cuarto. Venía de España en intercambio estudiantil. Ella solía fumar marihuana todos los días, y es así como comenzó tu adicción. Dejaste que te consumiera lentamente. Y tras ser encontrada cerca a un río, descuidada, y confundida, juraste no volver a ver a Amanda. Esa era la segunda vez que querías algo, tu vida.

Quiero que apagues eso. Eso no sonó como una petición, sino como una orden. Apagué el cigarrillo que me disponía a fumar, y te abracé. Esta vez no me querías cerca. Mi hedor a humo te alejó. Te paraste de la banca, y te fuiste caminando. Siempre, y recuerda esto, siempre serás un enigma para mí.

Cuento nocturno - Sé feliz (I)

Su mirada me expresaba un vacío infinito. Ella, triste como solía ser, me cogió de la mano y me devolvió ese anillo que nos apresó por dos años. No me dijo nada, solo se quedó ahí, parada, inerte a todo. Yo perplejo ante todo eso le pregunté ¿Por qué, acaso no eres feliz?, y yo sé que no. Nunca. En todo este tiempo, ella jamás me había expresado su felicidad.

Nuestra relación se inició casi de manera mecánica. La conocí en una noche de invierno, dentro de una discoteca sin nombre de esa ciudad oscura. La vi sentada cerca de la barra, estaba sola, callada, triste y pérdida. Y a mi, estúpidamente, eso me pareció atractivo. Me fijé en ella porque me parecía interesante.

Solo me bastaron dos horas para comprender que ella era, literalmente, distinta a todas. Me contó, ignorándome por completo, que sus padres se habían divorciado hace ya mucho tiempo, cuando tuvo que decidir con quién irse, escogió al que menos atención le prestaba, su padre. Tiene un hermano gemelo que no ve muy a menudo, la última conversación que tuvieron, fue cuando él le llamó para invitarla a España para que vaya a su matrimonio con un filipino fogoso que conoció un verano.

¿Qué se supone que voy a hacer sin ti?  Ella fue a una banca, sacó de su cartera la primera foto que nos tomamos juntos, la rompió y dijo ¿Ser feliz quizá? Luego de eso se sacó los zapatos y se fue caminando como si nada hubiese pasado.

Tras salir juntos de ese antro lleno de penumbra, nos fuimos a mi casa. Ella, y esto me parece raro, jamás se resistió. Esa noche ella cumplía veinticinco años. Feliz cumpleaños. ¿Feliz?. Claro es una año más de vida. ¿Y entonces por eso debo festejar? Yo jamás quise venir. Esas estúpidas me arrastraron. Y por primera vez ella mostró un signo de humanidad. Sintió rabia por esas testarudas amigas que no saben el significado de un no.

¿Por qué caminas con los pies descalzos?. Porque solo así siento que soy libre, siento que nadie me puede controlar. Se fugó de la casa de su padre a los quince años porque ya estaba aburrida de estar ahí. Alistó sus maletas otra vez, cogió dinero de un cajón y se fue. Escribió una nota y la dejó en la puerta "No me esperes". Su papá jamás la buscó.
...

jueves

Un café y el aeropuerto

Creo que debimos terminar lo que empezamos. Tú retiras tus manos y me miras de una manera extraña. Yo te suplico quedarte, pero no hay remedio para esto, tienes que irte. Veo que tu mamá está a lo lejos, me mira a mi y creo que siente nostalgia por esos momentos felices que pasamos los tres. Se da cuenta de que la veo y voltea la mirada, corre a ver dónde está tu padre.

Tú acaricias mi rostro y espero que no lo hagas por última vez. Espero de verdad que vuelvas y sigamos con lo nuestro. Te alejas del asiento y pretendes abandonar la mesa. "Aún no haz terminado tu café" "Ya no quiero, tengo que irme mi avión me deja". Odio a ese intercomunicador, y odio que los vuelos no sean continuos, odio que te vayas tan lejos, odio que tengas que dejarme.

Y entonces empiezo a recordar la época de felicidad en la que vivimos por mucho tiempo. Tiempo que quizá se extendió más de lo que yo iba a pensar, y es que jamás imaginé que una chica como tú podría fijarse en alguien como yo, en un perdedor que no tenía rumbo, en alguien que solamente tenía ese sueño vago de vivir de lo que escribe. "Nanda tenemos que irnos" Tu mamá te llama y yo ruego por irme contigo, pero no puedo, porque sé que si lo hago simplemente nada será igual, porque estaremos en tierras extrañas.

Me vuelves a mirar. Esos ojos café que tanto me gustan ven en mi corazón y me siento desnudo ante ti. Siento que puedes percibir mi deseo de que te quedes. Que no te alejes. Y entonces coges la taza de café y te la tomas. Sonríes y te vas.