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lunes

Un mejor amigo

Ya he perdido contacto con él, pero recuerdo su cara pálida y esos rizos desordenamente prolijos. Tengo grabado también su caminar de momia.

Sus ojos de un marrón claro iban siempre entrecerrados. Él era inteligente pero se negaba a aceptarlo, no le gustaba alardear. Eso quizá fue lo que me llamó la atención, su humildad y rareza. Siempre podía sorprenderte con cualquier cosa, quizá con un objeto extraño, o con alguna respuesta que nadie en el salón sabía.

Su delgadez combinaba con la palidez de su piel. La historia de su vida era que su madre y su padre estaban separados; ella se fue a Japón, mientras su papá decidió quedarse. En su casa, mi mejor amigo también vivía con su tío, otro ser extraño. Nunca hablaba y solo hacía señas. Gritaba cuando la comida estaba lista. 

A mi amigo lo conocí en la secundaria, cuando más necesitaba a alguien. Había pasado por la ruptura de un amor que aún recuerdo, pero que me he prometido no volver a ver. 

Él estaba en un esquina, era el nuevo del salón. Yo en mi asiento de la segunda fila. No recuerdo cómo, pero empezamos a hablar después de unas semanas. 

Ya hace más de 15 años que lo conozco, y aún él sigue siendo un misterio. No habla mucho de su vida. No sé si alguna vez tuvo novia o novio. Sé que su papá y su tío siguen vivos. Tiene dos hermanos, a los cuales no conozco. Cuando salimos, siempre termino hablando yo. 

Espero volver a verlo pronto.


jueves

MI Y YO

Me molesta la burocracia reciclada, mi pedantería asolapada y las conversaciones aburridas. Me molesta que me digan sobrenombres estúpidos como "flaco", "chino" o "causa". Me molestan los libros de autoayuda que profesan la felicidad eterna, me molestan los mensajes de "canjea esto" o "aprovecha ya". Me divierten los arribistas, los sobones y los orgullosos. Me divierta también el entusiasmo temporal de los hinchas peruanos a su selección de fútbol. Amo caminar bajo la lluvia. Detesto las fotos de sonrisas forzadas, odio, y esto lo recalco, odio la salsa, la odio por su simpleza y por su monotonía.

Detesto que me despierten, y claro, amo dormir hasta el mediodía. Me jode retrasarme, y peor aún, me jode que otros me retrasen. Odio las mentiras. Odio a los vulgares. Detesto la lentitud. Amo la belleza. Me gustan los atardeceres con vino y las noches de cerveza.

Me gusta leer en los buses y me incomoda leer en las bibliotecas. Odio no almorzar. Detesto la rutina, por ende, detesto los horarios. Odio la gente vacía y superficial. Amo el periodismo y detesto ser inútil e invisible. Me gusta viajar solo. Detesto esperar. Amo a mis padres. Me gusta cantar en la soledad de mi cuarto. Y claro, la amo a ella.

martes

Comentarios en la Plaza

Invierno en Lima. Un sábado en la tarde.

"No seas huevón. O es que acaso quieres ser como cualquier cojudito que anda suelto por la calle. Tú debes ser mejor. Yo creo en ti, pero veo que tú no. Eres demasiado inseguro, y esa huevada siempre te va a joder. Ya acabaste la universidad, bien por ti, ahora es momento de hacer tu propio camino. Tú eres inteligente, yo lo sé. También veo que eres hábil, pero debes demostrarlo, no a mi, sino a los demás, al mundo. Si te gusta escribir, haz eso, pero ponle corazón, ponle ganas. Demuéstrales a tus padres que ellos se equivocan. No te quedes estancado. Ya no eres un niño, entiende eso, por un carajo. Ya no dependes de mamá y papá. Sal de tu casa y conoce la vida real que, siendo sinceros, es bien jodida. Solo te puedo decir una cosa más; siempre, y recuerda bien, siempre sé el mejor en lo que haces."


viernes

Lima, te amo


Lima.
Siempre me gustó vivir aquí, en Lima. Me gusta ver su cielo inexpresivo e indeciso. De Lima me atraen sus mendigos cara sucia que piden dinero. Sus locos que andan desnudos por las calles, y se mezclan con toda la basura tirada en la pista. De Lima me gustan los vendedores ambulantes.

Me gusta Lima con sus calles sucias y desgastadas, con su tráfico inagotable, y con sus hoteles baratos. Me gusta Lima porque, de todas las ciudades que conozco, esta es la más desordenada. Me gusta su caos pasivo, y su lluvia tímida.

Me gusta su gente, y sus miradas cansadas de vivir en Lima. Adoro esta ciudad porque se come bien, rico, y sobre todo barato. Me gustan sus noches porque son largas e impredecibles, y porque está llena de vendedores y prostitutas feas y gordas.

Me gusta Lima con su olor permanente a humedad y a pobreza. Con su música que siempre es sinónimo de fiesta. Con sus colores chillones pegados en sus muros. Con su gente apresurada por subir a autobuses en los cuales siempre hay sitio. Con sus periódicos que prometen aumentar el vigor sexual.

Me gusta Lima porque cada día veo más huelgas sin sentido que reclaman justicia. Con su mestizaje, con su sabor, con su maldad huachafa, y su amabilidad desbordante. Adoro esta ciudad y espero morir aquí. Te amo Lima. 


lunes

Mescolanza (II)

Tengo tantas cosas por hacer, tengo tantas metas por cumplir, tantos sueños por hacer realidad. Quiero ser escritor, quiero fotografiar al mundo, quiero solamente coger mi mochila y largarme de esta realidad tan áspera. Quiero ser feliz, y mejor aún, ser feliz contigo. Esa sonrisa tuya, esas fotos que veo todo el día y que a ti te parecen feas. Sales hermosa, y siempre lo serás.

Quiero ser periodista, quiero ser padre, un buen padre, y por qué no, quiero ser el amigo de mi hijo. Eso quiero, un hijo, una razón para vivir, quiero vivir para alguien, y saber que el pequeño James me esperará todos los días. Quiero ir con él de viaje, ir por el mundo, y enseñarle lo poco que sé.

La vida a veces es corta, y yo quiero estar aquí por mucho tiempo. Y ya lo decidí. Me iré, me iré muy lejos para que nadie me encuentre, y yo sé que nadie me buscará, nadie me extrañará, porque a veces soy así, solitario, tonto, idiota, testarudo, aburrido. Así es la vida: muy corta.

Madurar


Me extraña verte así. Me sorprende, e incluso me parece bueno. Te conocí de otra manera, eras tan tonta entonces, pero ahora dices que haz cambiado. Bueno, no lo sé. Ya hace mucho que te fuiste, y prometiste volver, pero creo que es mejor que te quedaras allá.

Ahora me hablas de madurar, de cambiar. Parece que haz llegado muy tarde a esa etapa. Yo hace tiempo que ya pasé por eso. Y no, no tomes esto como un ataque, porque no lo es. Creo que mejor sería llamarlo, una pataleta del niño que ya fui. Es inevitable hablar del pasado, porque, de alguna manera, nuestra historia siempre nos perseguirá, y lo sabes.

Dices que el amor verdadero es el que viene con el tiempo, en eso tienes razón. Yo ya lo encontré, y espero, de verdad espero, que tú lo hayas encontrado, en dónde sea que estés. Madurar es fácil, solo pon de tu parte y verás que podrás. Y sí, el amor es hermoso cuando lo encuentras.

domingo

Seré periodista

- ¿Qué?
- Voy a estudiar periodismo, papá.
- ¿Cómo?
- Así como lo oyes.
- No te creo, de qué vas a vivir, vas a ganar poco dinero, no hay periodistas con mucho dinero, todos son pobres.
- No me importa, papá. Yo no quiero el dinero, tener mucha plata no me hace nadie.
- ¿Por qué no puedes ser abogado como tu primo?
- Porque no me gusta, ser abogado es aburrido.
- ¿Aburrido? ¿Sabes acaso cuánto dinero tiene él?
- Prefiero mil veces morirme de hambre y hacer algo que me gusta, que vivir amargado y con mucho dinero. Así no seré yo papá. Así no.
- De verdad que eres extraño.
- ¿Extraño? Me llamas así solo porque quiero vivir de algo que me va a llenar el alma, que me va a hacer conocer personas, lugares, que me va a hacer vivir momentos inolvidables.
- Te pones en riesgo.
- Eso es lo que me gusta del periodismo, papá, eso es. Vivir todos los días con algo nuevo, con una nueva historia, y será así.
- No vivirás de fantasías, cómo sino quieres criar a tus hijos, ¿Haz pensado en tener familia?
- Claro que lo pienso, y todos los días. Creo que lo mejor que le puedo dar a mi hijo o hijos es conocimiento puro, contarles mis anécdotas, las experiencias que he vivido, y que viviré, porque quiero ser periodista hasta mis últimos días, porque sino no me sentiré vivo.
- Ten cuidado en lo que te metes.
- No te preocupes papá.
- Suerte entonces.
- Gracias.
- Sabes hijo.
- Dime.
- Yo también quería ser periodista.

jueves

Cosas inconclusas

Casi siempre dejo las cosas a medio hacer, la mayoría de las veces las dejo porque me da flojera, o quizá porque pierdo el interés.
Muchas de esas cosas tratan sobre mi y la escritura, porque tengo algunas ideas para libros que espero algún día publicar, pero siempre empiezo bien, comienzo entusiasmado, pero termino dejándolo. Al final siempre encuentro esas libretas regadas por algún lado de mi habitación, ignoradas por mi falta de compromiso.

A veces no termino de ordenar mi cuarto, aunque parezca insulso y banal, tenía que decirlo. Me siento culpable, pero los recuerdos que recorren todo mi cuarto hacen que me olvide de lo que estaba haciendo y me sumerja intensamente recordando ese paseo, mirando esa foto y pensando, ¿Cómo pasó esto?
Veo también esos regalos que recibí de personas que ya no están más en mi vida, personas que se fueron tomando un rumbo extraño.

Quiero hacer también 2 cortometrajes, me imagino las escenas y las encuentro divertidas, y no es que yo sea un genio de la cinematografía, no me creo un gran director, pero escribir guiones me ayudan, porque reflejan esa necesidad extraña que tengo por escribir.

No terminar las cosas te trae problemas, siempre finaliza lo que estas haciendo. Yo no quiero que este blog se llene de polvo, no quiero que pasen arañas por aquí. Esperen que ya escribiré más seguido.

miércoles

Pidan más

A veces me cuesta demasiado tiempo escribir. A veces simplemente desaparezco en el vacío y dejo que me pierda en un universo sin sentido, una galaxia sin color que no deja de desaparecer cada vez que pestañeo. Un mundo que da vueltas en mi cabeza y que aplasta todas mis ideas.

A veces simplemente mis dedos no pueden teclear palabras, no llegan a escribir un verso y la paupérrima prosa que manejo a mi corta edad se desvanece. A mi cerebro se le acaba la tinta y mis neuronas protestan porque me esfuerzo por crear alguna idea que sea digna de ser lanzada en Internet. De ser leída por algún anónimo usuario que no comenta mis posts por pura flojera.

Pero es verdad, a mi también me da flojera comentar los posts de otros blogs, y no porque no lo merezcan sino porque la burocracia de Google hace que todo sea complicado. Pero me gusta escribir en este blog porque es lo único mio que tengo, que posea y que nadie podrá quitarme.

Y ahora recurro a ti amable lector, comenta por favor, ya que gracias esas cortas palabras de aliento que me das, sirven para que yo mantenga vivo este blog. Una página que surgió como una obligación, una página que valió una nota aprobatoria en un curso, pero que ahora se ha convertido en un espacio donde yo puedo expresarme libremente. Donde nada, ni nadie podrá pararme.

viernes

Agallas


Me faltan muchas agallas para enfrentar a un delincuente. Defender a mi chica de esa porquería que quiere robar.
Me faltan agallas para decirle de verdad lo mucho que la amo, para decirle que sin ella mi vida quizá sería muy rutinaria.
Me faltan agallas para enfrentarme a ese huevas tristes que fue mi amigo. Y que ahora se ufana de seguir siéndolo.
Me faltan agallas para salir a explorar el mundo, para poder coger mis maletas y no estar sentado aquí escribiendo.
Me faltan agallas para poder enfrentar el futuro, porque yo quiero un hijo pero los demás dicen que no debo, que aún no maduro, ellos no entienden que quizá mi mayor sueño sea tener un hijo.
Me faltan agallas para embarcarme en una aventura sin retorno, para abandonar a mis padres y vivir a mi manera.

Me faltan agallas para poder enfrentar mis miedos. Miedos que con el tiempo van cambiando, y que al final solo se convierten en temores.
Me faltan agallas para estudiar. Ya lo hice por un buen tiempo, y ahora solo me da flojera.
Me faltan agallas para terminar de escribir una novela. Siempre las comienzo, me entusiasmo y termino tirando las libretas por cualquier lugar.
Me faltan agallas para decirles sus verdades a esas personas que me caen mal. Porque me gusta más odiarlas en secreto, maldecir sus miserables vidas y que se pudran en ellas.

Me faltan agallas para dejar de escribir. De alguna manera esto me mantiene vivo, me desfoga de todos mis problemas.
Me faltan agallas para terminar trepando un cerro y gritar lo más fuerte posible. Para poder soltar todo lo que siento dentro.
Las agallas son algo difícil de obtener, pero al final sé que las tendré. Sé que podré derrotar a todos. Porque cobarde no soy.

domingo

Escribir

Yo escribo porque hace que me sienta vivo, escribo porque quiero explorar otros mundos, además escribo porque cuando lo hago me desfogo, porque últimamente me han pasado cosas extrañamente divertidas. Escribo porque quiero, porque me gusta.

No escribo a la fuerza, escribo cuando me da la gana, y pocas veces me da la gana, me gusta escribir cuando estoy presionado, cuando ya todo el mundo se está viniendo encima mio y no tengo otra cosa más que escribir. Me gusta escribir cuando estoy solo, detesto que haya gente a mis espaldas viendo lo que hago, detesto que me estén criticando.

Pocas veces me gusta escribir con la televisión prendida, esta me desconcentra. Suelo escribir sentado, no me gusta escribir en computadoras extrañas, amo mi teclado ya gastado, amo mi lápiz, porque a pesar de que ya haya mucha tecnología yo aún escribo a la antigua, porque así me criaron, y así moriré.

Escribo en este blog porque es la única cosa que puedo hacer por mi mismo, porque es mio, y de nadie más. Escribo en los autobuses porque me gusta mirar a la gente, porque me gusta mirar el paraíso, ese paraíso que más parece infierno, y de esa manera me inspiro. Escribo porque dicen que sé hacerlo, pero yo no les creo, sé que lo dicen por compasión, porque si supiera escribir entonces ya hubiese acabado esos bocetos de libros que aún descansan en libretas con polvo, porque puedo comenzar una buena idea, pero al final termino mal. No me gusta leer lo que escribo, es por eso que termino aquí.