domingo

"¿Qué vas a estudiar?"

- Periodismo
- Ah... qué interesante, ¿Vas a trabajar con Magaly?
- Ja ja ja (risa comprometida), no creo

Desde un comienzo, cuando aún tenía 13 años, yo soñaba con estudiar Química. En esos tiempos yo había ganado una competencia de inventos químicos y me situaba dentro de los mejores 5 inventos escolares sobre química en Lima. Entusiasmado por el Criptón, el Cobre y harto Cinc, no pensaba en otra cosa que no sea Química.

Era un premio que gané de casualidad, que nació por puro juego y que llegó a convertirse en realidad. Yo conformaba un extraño equipo de 3. 2 de los cuales no estaban interesados pero para inscribirme tenía que ser de 3. Fueron los únicos sin equipo, fueron los únicos a los que nadie quiso, yo fui el único que los acepto. Qué "¿compasivo?"

La química entre los 3 duró poco, al final terminamos por hartarnos entre nosotros y dejamos todo. Abandonamos quizá la única oportunidad para llegar a destacar académicamente fuera de las fronteras del colegio. Al final terminamos por perder por un invento relacionado con la mineria. Quedamos terceros.

Luego de ese fracaso, entró en mi vida la confusión y los sin-sentido. Quizá intentar con los deportes. Fracaso total, un fracaso que ya había previsto pero que quería saborear.
Y entonces un profesor, un gran maestro, me demostró que con simples palabras puedes llegar a decir grandes cosas. Crear mundos, inventar las más locas fantasías, dejar que tu imaginación vuele.

Ese maestro era muy duro y exigente con todos, cada vez me entusiasmaba por la literatura. Pero como a muchos les ha pasado, cuando se está en el colegio no le importa mucho lo que vaya a pasar más adelante, solo les interesa vivir el presente, y no visionar el futuro. En un comienzo mi estilo literario era fatal, me equivocaba mucho y me desviaba mucho del tema central del cual escribía.

Cuando ya la vida escolar estaba terminando, decidí por colocar en mi anuario "Ciencias y letras" como las futuras carreras que quería estudiar. Al final me decidí por Periodismo, me fascina el periodismo. Estoy muy seguro de eso, no lo cambiaría por nada, aunque ser camarógrafo me está seduciendo pero creo que lo calificaría más como un hobby.

Ahora ya estoy a punto de egresar como Periodista, pero para ello aún me falta poco más de un año. Estoy feliz.

Y tú ¿Qué quieres estudiar? La palabra es tuya.

viernes

Destacar

La superación es algo innato a uno. Querer ser superior ante los demás de cualquier forma, ya sea académica o sentimental. Sí, sentimental, ser tan atorrante y atrasar a tu mejor amigo con la persona a la que él ama. Dejarlo atrás, mirando como tú y la chica que casi fue de él, se besan en la butaca de adelante. Mientras que él atónito tendrá que conformarse con comer canchita más salada por sus lágrimas y ahogarse con un vaso de gaseosa.
Cuando uno quiere destacar de manera académica entonces no hace otra cosa que encerrarse en su cuarto, y zambullirse en libros. No dejar que nadie pase, ni siquiera un poco de luz. Solo el aire y él son los huéspedes de ese espacio.

Leer hasta decir basta, y aprenderse todo. Saber, por ejemplo, que el estado de Florida (U.S.A.) es más grande que Inglaterra. O que Alva Edison, inventor de la bombilla, tenía miedo a la obscuridad. O también algo insignificante como que una cucaracha puede vivir varias semanas estando decapitada.
A mí siempre me han molestado esa clase de geniecillos, aunque, en alguna etapa de mi vida, yo fui uno de ellos. Me arrepiento de haber sido así, pero mis padres me obligaron. Recuerdo que me pasaba más de 6 horas diarias estudiando luego de venir del colegio. Fue una etapa horrible de mi vida. Una época en la que me uní al lado nerd de la fuerza, pero milagrosamente llegó la adolescencia y con ello la rebeldía.

Uno también puede destacar en lo laboral. Ser el mejor de la oficina. Querer llegar a ser el jefe de todos, pretender que uno sabe más que los otros, que se es más hábil. Tener un ascenso lo más rápido posible para así poder ganar más dinero. Tener más cosas, ser más codicioso.
Y tú. ¿De qué manera quieres destacar? La palabra es tuya.

jueves

Blog

Escribir para un blog siempre ha sido algo díficil para mi, y no tanto porque no me gusta escribir, sino porque me resulta complicado y extenuante la plantilla de Blogger. Deberían cambiarla. Demasiado monotona.

con referencia a: Google Sidewiki (ver en Google Sidewiki)

miércoles

Dame una mano

Ya es de día.
Anoche he sufrido lo normal. Tengo 19 años, cabello negro y un brazo menos.
Siempre que hay momentos en los que tengo mucho tiempo para pensar, recuerdo lo que me pasó hace poco menos de un año. Me baño. Pienso.

Es de noche.
Estaba “completo”, al menos físicamente. Regresaba a casa y estaba muy cansado. El autobús en el que iba estaba vacío. Un anciano, una pareja cariñosa, una despistada y yo, conformaban su tripulación. Siempre me han fascinado los buses de noche. En mi mente reconstruyo las historias de esos pasajeros y pienso “¿por qué están tan tarde en un bus?”. Sube alguien más. El cobrador está dormido.
Pasamos un semáforo en rojo. Mala idea. Hay otro chofer que está apurado…Recuerdo que el anciano salió disparado de su asiento, que de la pareja cariñosa no quedó nada, más que sangre, la despistada…no volví a verla. Yo, tenía un dolor punzante en el brazo…con solo verlo sabía que ya nada sería igual.

- …Es demasiado grande…
- …¿Pero, entonces qué hacemos?...
- …creo que no queda de otra…
- ...¿Seguro?...
- …Es una lástima, tan joven y le jodieron la vida…

Noche, día o tarde, no sé.
Luego del accidente vinieron los bomberos. Recién ahí me di cuenta que el chofer, cual palomo, voló a otro nido, fugó.
Me llevaron a una clínica cercana e informaron a mis padres de todo esto. Ellos lloraron las lágrimas que pudieron sacar. Recibí amigos, enemigos también. Pero ellos ya no me miraban a los ojos, ahora lo hacían a la ausencia que dejó mi brazo. “Pobrecito” pensarán. Esas miradas de pena no me gustaban.

Semanas siguientes. Día.
Regresé a la Universidad pero pareciera que todo cambió de un momento a otro. Un accidente te marca la vida dicen. Tienen razón.
Me volví zurdo a la fuerza. Pero las sillas individuales en las que me sentaba no colaboraban. Extrañaba mi antigua letra desastrosa, ahora solo veía garabatos. Prestarme cuadernos de otros se volvió costumbre.
Querer ser periodista y ser manco es difícil. Por lo menos en el Perú. Mis notas no eran desdeñables, podía conseguir trabajo fácilmente, o al menos una práctica.
Lo intenté. Aceptado en todos los lugares a los que había enviado mi Hoja de vida. “Puedes acercarte para la entreviste personal”, no me quedaba de otra, tenía que ver a mis “nuevos” jefes.
No pasaba de la semana. Todos me despedían de la misma forma. “Eres hábil, pero tu impedimento físico hace que te retrases, necesitamos gente rápida”. Lo entendía, o al menos trataba.
En la Universidad no me iba tan bien como antes. Días después de haber regresado la amabilidad se borró de la mente de mis “amigos”. Sus cuadernos ahora eran ajenos a mí. Su amistad era lejana, casi extinta. Hacer grupo de 1 es difícil, los trabajos se te juntan y te complicas todo. En esos momentos comprendí que la indiferencia puede llegar a ser cruel, y que tener que hacer dos trabajos a la vez con 1 mano es difícil.

Ya se me hace tarde.
Termino de bañarme, de cambiarme de ropa y de desayunar. Corro apresurado a tomar el bus. He aprendido la lección, pero soy terco y digo: “total, tengo 1 brazo más, además para qué están las piernas”. Apretujado y exprimido como un limón en ceviche, estoy entre una señora gorda y un hombre alto. Trato de avanzar, lo consigo. Me aferro al cobre del auto.
Todos duermen o se hacen los dormidos. Yo los ignoro, estoy acostumbrado a eso. Ruego a Dios, porque ahora sí creo en él, que no sufra tanto hoy. El carro frena bruscamente. Me asusto. Pienso…

martes

Felicidad

Es una palabra tan fácil de pronunciar pero tan difícil de conseguir.
La felicidad puede ser de varios tipos: algunos buscan la monetaria, ser felices con billetes, nadando en un mar verde, o de oro si se puede. Otros buscan la felicidad laboral, ser el mejor en lo que hacen, destacar ante los demás.

Algunos interpretan a la felicidad como una simple risa. Una carcajada efímera que se va con el aire. Otros nunca llegan a ser felices, están amargados durante toda su vida, hasta que fenecen y nunca esbozan una sonrisa, ni por compromiso.

La felicidad que yo busco es muy simple. La mía. Ser feliz para mí siempre ha sido muy fácil. Mi felicidad se resume en el conformismo. Con las pocas cosas que me da la vida soy feliz. Alegre si se es posible.

Quisiera ser tan feliz (¿o volado?) como Willie Wonka. Vivir en ese mundo lleno de enanos y rebosante chocolote. Pero no sería feliz estando solo, quizá extrañaría a algunas personas. Ser feliz como Winnie Pooh, comiendo miel y jugando en el bosque todo el día. Pero no me gustaría que mi felicidad dependa de la llegada de alguien.

Cada vez que me miro en el espejo, veo cansancio. ¿De qué?, quizá de ser feliz, o tal vez porque los trabajos en la Universidad me quitan la felicidad. Son tantos, y tan poco tiempo, o derepente es mi falta de organización lo que me marea estudiantilmente. No lo sé.

La felicidad puede esconderse en varios lugares. Escabullirse en los compases de una canción, en mi caso, ahora soy feliz con Lemon Tree. Estar oculto en los píxeles de alguna foto. Perderse en los segundos de algún video. O para algunos, en los brazos y labios de alguien. De esa persona especial que te da cariño. Quien quiera que fuese.

La felicidad es una amante que no se satisface con poco. Ella quiere más, más. Llegar al clímax. Que tu vida depende de ella. Pero no siempre es así, y por eso se molesta, te da la espalda y se larga. Ser feliz es fácil. Eso depende de ti.

Y tú ¿Con qué eres feliz ahora? La palabra es tuya.