jueves

Un café y el aeropuerto

Creo que debimos terminar lo que empezamos. Tú retiras tus manos y me miras de una manera extraña. Yo te suplico quedarte, pero no hay remedio para esto, tienes que irte. Veo que tu mamá está a lo lejos, me mira a mi y creo que siente nostalgia por esos momentos felices que pasamos los tres. Se da cuenta de que la veo y voltea la mirada, corre a ver dónde está tu padre.

Tú acaricias mi rostro y espero que no lo hagas por última vez. Espero de verdad que vuelvas y sigamos con lo nuestro. Te alejas del asiento y pretendes abandonar la mesa. "Aún no haz terminado tu café" "Ya no quiero, tengo que irme mi avión me deja". Odio a ese intercomunicador, y odio que los vuelos no sean continuos, odio que te vayas tan lejos, odio que tengas que dejarme.

Y entonces empiezo a recordar la época de felicidad en la que vivimos por mucho tiempo. Tiempo que quizá se extendió más de lo que yo iba a pensar, y es que jamás imaginé que una chica como tú podría fijarse en alguien como yo, en un perdedor que no tenía rumbo, en alguien que solamente tenía ese sueño vago de vivir de lo que escribe. "Nanda tenemos que irnos" Tu mamá te llama y yo ruego por irme contigo, pero no puedo, porque sé que si lo hago simplemente nada será igual, porque estaremos en tierras extrañas.

Me vuelves a mirar. Esos ojos café que tanto me gustan ven en mi corazón y me siento desnudo ante ti. Siento que puedes percibir mi deseo de que te quedes. Que no te alejes. Y entonces coges la taza de café y te la tomas. Sonríes y te vas. 

martes

El amor cura

Aquí sentado y tratando de escribir algo para ti, quizá te dedique mi epitafio, o simplemente un verso, pero lo que sí te voy a decir es que eres buena conmigo, y a veces pienso que no me lo merezco.
Apareciste saltando cuando yo estaba en cuidados intensivos, y ya nadie se acordaba de mi, trato de disimular mi tristeza y desazón ante ti, pero al final te das cuenta y abrías esas alas de ángel bondadoso y me protegías.

Fui sanando poco a poco gracias a ti, logré extirpar el tumor y mejoré extraordinariamente, al menos ya lograba respirar por mi cuenta, y muy pronto podría caminar solo. Resulta que esa sonrisa que tienes también me sana, más de lo que tú imaginas. Y es por eso que tú sonríes con muchas ganas y a veces hasta compartimos carcajadas.

Me enseñaste a correr, te agradezco por eso, me enseñaste que la vida a pesar de todo vale la pena, y así los últimos rezagos del cáncer que me persiguió durante los últimos meses de mi vida desaparecieron. Me curaste del todo.

Y cada vez que ese cáncer amenaza con volver, tú me tomas de la mano y sonríes, con hacer eso despejas cualquier mal, haces que todo mejore. El amor cura, simplemente tienes que dejarlo pasar, abre tu corazón y no lo rechaces. El amor sana, te lo digo yo que he estado gravemente enfermo. Y ahora contigo gozo de buena salud, no quiero que llegue a perderse eso, no quiero que te alejes, porque muy a mi pesar, al final dependo de ti, eres mi droga, eres ese antídoto que no podré dejar, mi adicción. Por favor no te vayas y aleja ese veneno.

Ser famosa (Despertar)

Ella avanza y suelta su guitarra rota y descompuesta. Se sube la blusa, y no comprende dónde está. Solo sabe que antes que perdiera la conciencia todo era un caos, una conmoción, una fiesta.
Ella mira a todos lados y solo ve gente ebria, vasos rotos y algo de sangre derramada. Vuelve a cerrar los ojos para recordar qué ha pasado, qué ocasionó todo esto, pero no logra recordar y solo le duele más la cabeza. Juliana está confundida.

Luego atina a caminar y lograr escapar de esto que parece un sueño mal hecho, una travesura de Morfeo. Juliana se coge el cabello y siente algo pegajoso en él, qué podría ser. Es sangre. De quién, de ella, acaso del tipo que estaba al costado de ella y ahora luce moribundo. ¿Cuánto tiempo habría permanecido inconsciente?

Juliana alcanza una ventana y mira por ella. Ese sol traicionero la ciega y la hace pensar: "¿Qué hago aquí?". Y entonces recuerda a su amiga, Amanda. Voltea y no la ve. La busca con la mirada, pero solo alcanza ver viejos ebrios que tienen la panza descubierta.

Y cuando ve hasta donde ha llegado entonces recuerda a su padre. Él siempre lo apoyaba, pero ahora una lágrima recorre su rostro porque se da cuenta de que él no está aquí, ya no más, porque un ebrio con un carro se lo arrebató. Y ella no pudo hacer nada. Simplemente escapó.

Juliana mira la hora. Es hora de escapar.

domingo

Esa niña

Esa niña a la que odio que me cae demasiado, demasiado pesada. Es tan manipuladora, tan malcriada, tan arrogante.
Esa niña a la que odio se pasea y juega con sus muñecas y pretende ser una niña-buena, pero cuando le das la espalda te da una buena patada en el culo.
Esa niña a la que odio ya sabe insultar, y lo hace de mala manera, te dice insultos que ni yo podría decir, ella se vuelve buena cuando su madre está cerca.
Esa niña a la que odio es una entrometida. Ella suele interrumpir todo lo que hago y simplemente lo destroza.
Esa niña a la que odio siempre me exaspera porque siempre hace cosas que a uno lo sacan de su lugar, siempre despiertan mi furia y mi sinrazón.
Esa niña a la que odio desbarata y desordena todo lo que amo, todo lo que yo quiero llegar a conservar.
Esa niña a la que odio tiene el control total de la situación, porque todos piensan que por ser aún una infante entonces dice la verdad, y es inocente, no se dan cuenta acaso de que ella es perversa y tiene malas intenciones.
Esa niña a la que odio también me tiene cólera, porque yo a ella la pongo en su sitio y porque yo soy el único que se atreve a enfrentarla. Porque a mi esa cara de niña-buena no me funciona, porque sé lo que ella esconde detrás de esa mirada.
Esa niña a la  que odio está ahora a mi lado sonriendo, y yo no sé que querrá ahora, pero sé que no es nada bueno.
Esa niña, Esa niña, y lo peor de todo es que es parte de la familia.

jueves

Mentir

Mi mamá dice que debo mentir, pero ella me enseñó a no hacerlo. Papá dice que no prosperaré en la vida sino miento. Yo le respondo que mentir es malo, que al final una mentira se descubre, y cuando uno miente no puede dejar de hacerlo.

Mamá culpa a papá de que hayamos perdido nuestra linda casa en una zona bonita,  porque papá fue muy honesto, y que por él ahora tenemos que vivir en una casa grande en las afueras de la ciudad. Ella dice que estamos así por ser tan honestos, que solo triunfan los mentirosos y pone como ejemplo a unos tíos ricos que tengo, que su vida se basa en mentiras, y que por eso ellos se revuelcan en billetes y deshonestidad, pero que de todas formas eso no importa porque al final y al cabo tienen plata.

Conozco amigos que han mentido sin ningún remordimiento y son felices, siguen siendo hipócritas y siguen besando a sus enamoradas. Pero a mi no me gusta mentir, quizá para algunos sea una necesidad. Un escudo en el cual pueden encontrar refugio. Mentir será la solución del futuro. Mamá, yo no quiero mentir.